Aquellas tropas alemanas que lucharon en Finlandia contra los bolcheviques y posteriormente protagonizaron el "Kapp-Putsch", eran la llamada "brigada Ehrhardt". Ellos fueron también en buena medida los que dieron lugar a que la esvástica adquiriese significado anti-judío aunque en Finlandia no lo tuviera. Ilustrativa es al respecto la anécdota narrada por Sebastián Haffner que le ocurrió a él, siendo niño, con uno de sus compañeros de colegio: Poco después del putsch de Kapp, durante una clase aburrida, observé cómo uno de ellos garabateaba unas figuras extrañas en su cuaderno; siempre lo mismo, un par de rayas que de forma sorprendente y satisfactoria componían un ornamento simétrico parecido a un cuadrado. Enseguida estuve tentado de imitarlo.¿Qué es eso?, le pregunté por lo bajo, pues al fin y al cabo, aunque fuese aburrida, estábamos en una clase. Símbolos anti-judíos, me susurró él en estilo telegráfico. "Lo llevaban las tropas de Ehrhardt en sus cascos de acero. Significa Fuera los judíos. Hay que saber reconocerlo. Y siguió garabateando tan tranquilo.
Este fue mi primer encuentro con la cruz gamada y lo único perdurable que dejó el putsch de Kapp. A partir de entonces ese símbolo se vería con frecuencia.
Enseguida estuve tentado de imitarlo, dice Haffner. Ése es precisamente uno de los atractivos puramente visual de la cruz gamada que más contribuyeron a su popularización. Konrad Heiden dice exactamente lo mismo que Haffner, ampliándolo a otra impresión que sobrepasa la de la mera plasticidad:
Para la propaganda no pudo inventarse signo más idóneo. Hay en él algo de amenazador, de fuerza, de misterio, y es, a la vez, muy armonioso, sugestivo e inconfundible; es, sobre todo, muy fácil de copiar: se siente uno tentado a garabatearlo. Al cabo de poco tiempo, se lo ve, hecho con tiza, en las fachadas de todas las casas. La atribución del significado anti-judío a la esvástica es, desde luego, arbitraria; pero dada su antigüedad y la diversidad de los lugares donde se la ha encontrado, la cosa carece de importancia. En la misma Alemania circuló también la especie de que es una representación estilizada del Sol. En realidad, precisamente por la variedad de civilizaciones que la han conocido, se le puede atribuír cualquier significado, pues no parece posible que haya sido el mismo para todos los pueblos. Esto se ve en que ha sido usada incluso dentro del cristianismo, que en el transcurso de los siglos se ha incorporado y asimilado buen número de signos, costumbres y hasta ritos paganos. Así la conoció el HOMBRE. Cuando a los ocho años de edad cursó estudios de enseñanza primaria en la escuela del convento de Lambach, allí, en uno de los vitrales de la iglesia, estaba representada la cruz gamada, por lo que el niño pudo verla, grabándola en su memoria y seguramente garabateándola luego sobre un papel, cuantas veces asistió a los oficios religiosos. Se comprende que produjera ese efecto. El conjunto de la esvastica negra en círculo blanco sobre fondo rojo es impresionante. La combinación de colores contribuye a aumentar la sensación indefinible de fuerza y misterio que, como decía Konrad Heiden, ya de por sí produce la cruz gamada. Difícilmente el creador del nacionalsocialismo habría podido elegir un signo más adecuado a sus propósitos. Explicó así el significado de los elementos que componen la bandera:
Como socialistas nacionales, vemos en nuestra bandera nuestro programa. En el rojo, la idea social del movimiento; en el blanco, la aspiración nacionalista, y en la svástika la misión de luchar por la victoria del hombre ario y por el triunfo de la concepción del trabajo productivo. Si el nacionalsocialista hubiera sido un partido corriente, uno más de los que se mostraban activos en la escena política alemana, poseer una bandera propia que lo distinguiera de los otros habría bastado. Pero no era ése el caso. Aspiraba a no ser simplemente uno cualquiera de los que entraban en el juego político para disputarse con los otros el acceso al poder mediante la participación en la lucha electoral.
Lo que el HOMBRE había creado no era un partido lo proclamó claramente en su libro sino una nueva concepción del mundo. Pero, como hemos dicho ya varias veces, reservó para sí lo más substancial de su proyecto, porque ¿cómo decir que esa concepción del mundo, esa cosmovisión, esa Weltanschauung, era esencialmente la filosofía de Nietzsche, que pasó los últimos diez años de su vida sumido en la locura? Más aún: el HOMBRE no podía declarar su admiración por Nietzsche, y menos que ponía en práctica su filosofía, a causa de sus feroces ataques contra los alemanes. Tomar consciencia de este problema puede ser útil para entender algunos hechos que de otro modo, por incomprensibles, parecen arbitrarios.
La inauguración del nuevo Reichstag, celebrada en Postdam, capital de la antigua Prusia, el 21 de Marzo de 1933, poco después de haber sido elevado el HOMBRE al cargo de canciller, terminó con los presentes entonando un himno cuya letra era el poema de Dietrich Eckart:
«¡Despierta, Alemania!. ¡Al ataque, al ataque, al ataque! / Voltean las campanas de una y otra torre, / gritan los hombres, los ancianos, los niños. / Gritan las mozas al pie de la escalera, / y hasta lo hace en su lecho el durmiente, / y gritan las madres al pie de la cuna.
Todo retumba, el aire se agita, / y aniquila el rayo en su venganza. / Gritan los muertos desde su tumba: / "¡Alemania, despierta!"».
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