miércoles, 26 de junio de 2013
Exigimos
Nosotros exigimos el único camino que consideramos viable en estos momentos para España, a saber, una regeneración democrática integral que debe comenzar por la abdicación de la cúpula simbólica del Estado, el rey, y proseguir con la dimisión del gobierno, la disolución de las Cortes, la convocatoria de un referendum monarquía-república y de una asamblea constituyente, la apertura de causa criminal genérica contra los políticos corruptos, que comporta la formación de un tribunal con poderes especiales para encarcelar a todos los traidores a la nación políticos profesionales documentalmente acreditados por cargo, sueldo, privilegios y corruptelas, que como tales deben ser identificados y juzgados. Entendemos que el aparato formal democrático como tal, junto con todas sus doctrinas, debe y merece ser demolido.Pronto llegará sin embargo el momento de dar el postrero paso hacia la coherencia, el paso al que los propios criminales oligárquicos nos empujan: el reconocimiento de que la democracia liberal y las democracias como tales son mentiras e incluso instrumentos necesarios del delito.Estamos pasando rápidamente de una Democracia Liberal Oligárquica a una Oligarquía Totalitaria Transnacional. Y lo que salga de aquí ya nada tendrá que ver con "Europa" tal como nos la contaban en la tele.Los ciudadanos y los trabajadores seremos los primeros perjudicados,lo estamos siendo ya , y por todo lo que va a suceder en la década entrante a menos que un movimiento nacional y socialista plante cara a la fatalidad de la inercia oligárquica y tuerza pacíficamente la voluntad de los criminales que nos gobiernan. Sólo cuando los pilares básicos del ideario Nacionaly Socialista, se apliquen a todos aquellos que los vulneren, y esto se haga con absoluta imparcialidad y omitiendo consideraciones previas respecto del signo político del victimario o de la víctima, podrá occidente superar el completo desmoronamiento moral e institucional que está abocando a su extinción como civilización, por hablar de un caso concreto, hoy muy olvidado pero omnipresente, ¿puede creer alguien realmente que las actuales políticas demográficas y de inmigración promovidas por la oligarquía con fines económicos, pero también de aculturación y "mestizaje" no afectan a nuestra pura y simple capacidad de supervivencia como pueblo?. Ésta será nuestra conclusión final a menos que el sistema reaccione en sus propios términos, que nosotros hemos pretendido respetar
lunes, 24 de junio de 2013
La tabla de Bellinger
Por lo que respecta a los soviéticos, la cifra asciende a 1.335.500 víctimas. La fuente de Bellinger es la siguiente: Nawrtail, H.,Nachkriegverluste unter dem Vertriebenen, Gefangenen und Verschleppten, München, 1986, p. 66. / Ratza, W.: "Die deutschen Kriegsgefangenen des Zweiten Weltkriegs, Der Faktor Arbeit", in: Zur Geschichte der deutschen Kriegsgefangenen, editado por Erich Maschke, Tomo IV, München 1973, página 207
Por lo que respecta a los franceses existe cierto consenso, a pesar de la polémica a la que ya nos referiremos en un próximopost, entre Bacque y su más visceral crítico, Arthur L. Smith quien llega a insultarle, como veremos, respecto de la alta mortandad de los campos franceses, con 113.000 víctimas asesinadas por los hombres de De Galle y de la Résistance française. Fuente de Bellinger: Smith, Arthur L., Die vermisste Million": zum Schicksal deutscher Kriegsgefangener nach dem Zweiten Weltkrieg, München, 1992, p. 86 (no hemos podido confirmar esta fuente en el original, por lo que entendemos que debe de tratarse de un error) / Bacque, J., Das geplante Tod. Deutsche Kriegsgefangene in amerikanischen und französischen Lagern, Frankfurt/Berlín, 1999, p. 336
En los campos yugoeslavos tenemos la nada despreciable cifra de 90.000 víctimas asesinadas por las autoridades comunistas. Fuente de Bellinger: Böhme, K. W.: "Die deutschen Kriegsgefangenen in Jugoslawien 1941-1949", in: Zur Geschichte der deutschen Kriegsgefangenen, editado por Erich Maschke, Tomo I/1 y I/2, München 1962.
Respecto a los campos americanos, la polémica está abierta y de ella nos ocuparemos. Según Bacque, el "vermisste Million"millón desaparecido es la consecuencia de la política de Eisenhower, con 800.000 víctimas. Macdonough rechaza tanto los cálculos de Bacque como la contabilidad estadounidense, reconociendo una cifra de 100.000 víctimas . Nawratil, H., en la obra citada, que es la que Bellinger recoge en su tabla, se atiene a las cifras oficiales de 24.000 víctimas. El "millón desaparecido" se incluye por tanto en categoría correspondiente de "desaparecidos", a todas luces demasiado abultada.
Finalmente, la citada obra de Nawratil, reconoce 22.000 víctimas en los campos polacos y checos.
El segundo bloque de víctimas estaría formado por los civiles alemanes, con un total de 10.000.000 de víctimas, según las cifras de Bellinger, que a su vez se subdividirían en tres categorías: víctimas mortales de la limpieza étnica, víctimas de los bombardeos terroristas británicos y víctimas de la hambruna planificada.
Tenemos a 1.272.000 de militares alemanes, presuntos desaparecidos que, en opinión de Bacque, son los exterminados en campos franceses y americanos para prisioneros alemanes. Mientras duró el conflicto bélico, y dado que los alemanes respetaban la Convención de Ginebra con los prisioneros capturados a los occidentales, firmantes también de la misma, Washington no se atrevió a masacrar a los prisioneros alemanes por miedo a posibles represalias con los 2 millones de soldados ingleses y americanos internados en campos alemanes. Sin embargo, una vez vencida Alemania, Eisenhower ideó el perverso concepto de F. E. D. (Fuerzas Enemigas Desarmadas) a fin de poder contraponerlo al de P. W. (Prisioneros de Guerra) y estar en condiciones de omitir los preceptos legales de la convención. No sólo eso, centenares de miles de P. W. pasaron como por ensalmo a convertirse en F. E. D. a base de trucar las estadísticas poblacionales de los campos. ¿Cuál era la finalidad de dichas innovaciones terminológicas y trasiegos burocráticos? Simplemente, dejar a los prisioneros alemanes a merced del ocupante y sin que ninguna potencia protectora pudiera reclamar la fiscalización del funcionamiento interno de los campos, es decir, el respeto a la normativa humanitaria internacional relativa a los prisioneros de guerra. Según Bacque, el número de víctimas de lo que, en este concepto, para nosotros constituye sólo una fase más en el proyecto global de exterminio planificado, es de un millón. Como consecuencia de estas investigaciones y debates, se empezó a hablar del hoy ya famosovermisste Million, que los occidentales intentaron atribuir a los soviéticos pero cuya responsabilidad apunta más bien a los aliados franceses y americanos. Los ingleses, que habían masacrado a los civiles alemanes mediante bombardeos terroristas, se sometieron a la Convención de Ginebra en el caso de los prisioneros de guerra en sus propias zonas de ocupación, a pesar de lo cual no denunciaron las atrocidades que se estaban cometiendo en los campos administrados directamente por Eisenhower y De Gaulle.
La obra de James Bacque desató en su momento una polémica que sigue abierta en la actualidad. Demostraremos en los próximos posts que los intentos de desacreditar a Bacque han fracasado y que, a partir de las cifras aportadas por especialistas sobre los que no pesa la menor sombra de duda en cuanto a seriedad y profesionalidad, puede hablarse de un plan de amputación étnica del pueblo alemán iniciado en 1941 aunque ya existían antecedentes a finales de la Primera Guerra Mundial y completado en 1949. Las actuales políticas de inmigración, las caídas de la tasa de natalidad en la República Federal Alemana, apuntan a una desaparición definitiva del pueblo alemán utilizando, en este caso, el arma letal de los "valores" hedonistas, se entiende, pero ésta es ya otra historia.
Gott und Volk. Soldatisches Bekenntnis
Porque ¿qué son cuando no hablan en alemán a su dios, cuando, desde el punto de vista religioso, no sienten ni aspiran de acuerdo con su forma de ser, es decir, en lo más profundo de su gran alma?
La fe no es un medio para librarse de las miserias de este mundo. Es la expresión de las fuerzas más profundas de un pueblo, eterna obligación del hombre hacia dios, para vivir en la comunidad en que hemos nacido.
Para nosotros la fe no es el derecho a la bienaventuranza, sino una obligación para la lucha por el pueblo y por la sangre. Nos es indiferente el hecho de que nosotros, entonces, seamos considerados por los sabios cristianos como destinados al cielo o condenados al infierno,porque del cristianismo nos separa, creando un abismo, lo siguiente: Nosotros no aspiramos a una recompensa en forma de una vida tranquila después de la muerte, porque esto representa un espíritu comercial judío y liberaloide. ¡Cree, reza, confiésate, haz penitencia y te has ganado el cielo! No, ¡trabaja, lucha y cree en tu pueblo! ¡No preguntes por la recompensa ni qué va a ser de tu vida! Pregunta: ¿cómo puedo servir a mi pueblo? ¡Vive de acuerdo con sus intereses y habrás cumplido con tu deber! Nuestro pueblo, la comunidad, es nuestra ley suprema, ley que para nosotros es inatacable, sagrada y eterna.
El derecho a dudar...
Abordar el cuestionamiento del tema central de la Shoah -los 6 millones y las cámaras de gas- de manera frontal,es casi una odisea.. el motivo es que resulta imposible criticar el antifascismo sin caer en la trampa simbólica de la identificación automática con el neofascismo. Tanto la fábula de Auschwitz como la jerga antifascista deben ser rodeados por los flancos poniendo en primer plano los genocidios, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad perpetrados por los vencedores.Sólo entonces, el postulado en que se sustenta el antifascismo y, por tanto, el relato fraudulento u obscenamente exagerado sobre "Auschwitz", caeria por su propio peso. En cambio, el cuestionamiento lineal y monotemático del antifascismo nos condena a soportar el estigma defascistas y, una vez más, a embarrancarnos y enlodarnos en las eternas escaramuzas defensivas de los negacionistas.
El sionismo no puede ser derrotado mientras los críticos deban defenderse y ocupar todas sus fuerzas en una exculpación frente a la imputación "demoníaco-inquisitorial" de ser fascistas. Y ya sabemos que esa difamación recae incluso sobre personas como Chomsky, que no han dicho nunca ni una sola palabra respecto del plan Kaufman-Morgenthau de exterminio del pueblo alemán, por poner un ejemplo. La victoria sobre el adversario oligárquico sólo se producirá pordeslegitimación política cuando éste sufra un ataque simbólico discursivo de carácter plenamente democrático que ponga en flagrante contradicción los propios discursos jurídicos humanitarios del sistema, por un lado, y la realidad impune de los crímenes de masas que ha perpetrado, por otro. La red es el punto de partida de esta revolución. Y ello sin que se nombre para nada a Auschwitz o al fascismo, lo que de alguna manera desautoriza realizar esta tarea. Pero alguien totalmente limpio de polvo y paja puede poner en marcha el proyecto del agnosticismo activo. En cualquier caso, mientras ese alguien no aparezca, nosotros mismos estamos ya volis nolis en el quehacer de desafiar al poder desde la izquierda y los derechos humanos, es decir, desde valores como la verdad racional, la justicia social y la libertad democrática, signos que el sistema oligárquico no puede negar sin abjurar de sus propios fundamentos, pero que no puede tampoco lógicamente afirmar mientras atentacontra la libertad de expresión y mantiene simultáneamente en una vergonzante impunidad los crímenes de masas más horrendos que la historia registra..
La única esperanza del sistema oligárquico, que también hace aguas por otras brechas, es expulsar dichos crímenes de masas fuera de la conciencia y de la visibilidad públicas todo el tiempo que le sea ya posible.Para ello cuenta con la inestimable colaboración de los medios de comunicación, de los políticos profesionales y de una intelectualidad cobarde, mentirosa, corrupta y adicta a las delicias del pesebre institucional. Nuestra guerra es ésta: romper el cerco de silenciamiento represivo contra la verdad, hacer llegar, en discursos intermedios ubicados entre la ciencia/filosofía y el periodismo un mensaje de duda razonable a la mayoría de los ciudadanos, generando a la par estructuras asociativas, políticas, sindicales y culturales que nos permitan emplazar nuestros "cañones" meramente infomativos en el espacio de una neo izquierda ilustrada de carácter patriótico, socialista y nacional-popular.
Para demoler la narración oficial sobre el holocausto, hito histórico que pondrá fin pacíficamente a la dominación de la oligarquía sionista, es necesario olvidarse, por tanto, durante cierto tiempo, del propio holocausto, así como del "fascismo".Hay que rehuir también, consecuentemente, y en este caso ya para siempre, a la extrema derecha en todas sus formas: católica, racial, identitaria, franquista, franco-falangista... Es menester institucionalizar un espacio social y simbólico nuevo, al que hemos denominado la izquierda nacional. Un lugar erigido sobre los pilares de los derechos humanos, la defensa de la democracia, la justicia social y, más importante todavía porque es este aspecto aparentemente insignificante el que lo cambia todo la verdad racional. Será, en efecto, el signo de la verdad racional, silenciosamente contrapuesto a la "felicidad del mayor número", el que nos permitirá transitar de la izquierda internacionalista marxista a la izquierda nacional heideggeriana. Se trata de algo tan radical, tan profundo en su trascendencia, que podría sustraerse a la vista de un contemplador superficial desconocedor de la filosofía. Pero en dicha apelación a la verdad racional resta marcada, de manera definitiva, la diferencia entre los heterodoxos carne de la represión sistémica y los agnósticos activos, quienes hemos dejado atrás el fascismo experimentándolo hasta el final sin tener, por tanto, que disimular un doble lenguaje.
El historiador alemán Joachim C. Fest, otra
bestia negra del sionista Vidal.
El historiador alemán Joachim C. Fest, otra
bestia negra del sionista Vidal.
Estamos señalando, como se ve, la dirección de un camino, una hoja de ruta, que no nos obliga a enzarzarnos, de buenas a primeras, en la cruenta guerra de desgaste del negacionismo de Auschwitz, cuyas conexiones con el neofascismo, aunque a menudo exageradas, no dejan de ser ciertas en demasiados casos. Pero este camino no sólo ha de resultar transitable, sino, de alguna manera, necesario, exigido por la propia lógica de la historia de Europa. Al hablar de filosofía crítica, agnosticismo activo e izquierda nacional es necesario contextualizar la circunstancia en la que nos encontramos; sólo ésta permite otorgar su verdadero sentido a tales conceptos y directrices de acción. Ya no se trata únicamente de una crisis del discurso relativo a Auchwitz provocada por décadas de lucha revisionista en internet, con decenas de héroes y caídos que han sacrificado su profesión, su salud y hasta su vida por la causa europea; es que la crisis económica y la crisis de legitimación de las instituciones provocada por la corrupción política, la asfixiante y desvergonzada tiranía de la alta finanza y el consiguientedesmantelamiento oligárquico galopante de hasta las meras apariencias de una democracia social, generan por sí mismos el terreno más receptivo y fértil para el discurso crítico del agnosticismo activo y, por ende, para la acción política de la izquierda nacional. Será el éxito político, primero local, luego regional y finalmente estatal, el que posibilite el acceso a las instituciones académicas cuya revisión de la historia contemporánea pondrá fin a las manipulaciones entorno al holocausto. Tras el desenmascaramiento de aquéllas, no se hará esperar el desmoronamiento del poder de la oligarquía, expulsado al otro lado del Atlántico si, como creemos, es Europa la primera región del planeta que hace suya, como forma de vida, la Gran Verdad de la Finitud, fruto granado de dos mil años de pensamiento filosófico.
El tiempo está cerca. El año 2012 puede ser decisivo en esta lucha que habrá de refundar la cultura europea y arrastrar consigo, junto a Auschwitz, el otro gran mito del sepulcro vacío, tradición profética y mesiánica judeocristianaque escóndese en el germen de la decadente sociedad de consumo actual en tanto que mera secularización judía del reino del Dios Yahvé. Esa promesa falaz, que permitió hace milenios implantar el fraude consciente de un estafador hebreo, Saulo de Tarso, en las tierras griegas paganas y gentiles de la filosofía, la ciencia y la razón, arrancando de raíz el espíritu trágico-heroico de la gran tradición indoeuropea; que engañó a los pueblos con imágenes estupefacientes de "felicidad" en el "más allá" y otras fábulas de las que el holocausto no es más que la oscura contraparte infernal, asimismo secularizada en forma de ideología política antifascista, esta doctrina fuente de todas nuestras desgracias universalistas, sostengo, debe caer también con la Shoah, el imperialismo yanqui y el Estado de Israel.
Todos aquellos europeos de espíritu que, en el mundo, puedan y quieran aportar sus fuerzas a la batalla, deben hacerlo ahora: no habrá una segunda oportunidad para nuestra causa. El agnosticismo activo respecto de la historia del holocausto responde también, por otro lado, a la pregunta: ¿cómo sería posible la revolución hoy? Parece evidente que, por una simple cuestión material, las revoluciones violentas están condenadas al fracaso. Los medios tecnológicos con que cuenta la oligarquía son de una capacidad destructiva tan aplastante, que la añeja fórmula romántica "el pueblo unido jamás será vencido", entendiendo por tal el irresistible peso casi físico de la mayoría, ya no puede considerarse más que una añoranza poética del pasado. Sin embargo, en contrapartida, hay que decir que el sistema oligárquico no gobierna por la fuerza, sino mediante la manipulación y que, en este sentido, depende de la creencia subjetiva masiva en la existencia de una legitimidad democrática. El sistema oligárquico no puede utilizar así, contra la gente, de manera indiscriminada, el poder de que dispone sin deslegitimarse de forma automática. El sistema reprime y silencia a los disidentes, ensordeciendo además esta represión, pero debe renunciar a regañadientes a aplicar semejante estrategia a gran escala, por lo menos en los países centrales (otra cosa es Bagdad o Gaza). En consecuencia, tanto de un lado como de otro, la victoria y la derrota se deciden en el terreno de lo simbólico, es decir, dela ideología.
César Vidal, propagandista sionista.
El tiempo está cerca. El año 2012 puede ser decisivo en esta lucha que habrá de refundar la cultura europea y arrastrar consigo, junto a Auschwitz, el otro gran mito del sepulcro vacío, tradición profética y mesiánica judeocristianaque escóndese en el germen de la decadente sociedad de consumo actual en tanto que mera secularización judía del reino del Dios Yahvé. Esa promesa falaz, que permitió hace milenios implantar el fraude consciente de un estafador hebreo, Saulo de Tarso, en las tierras griegas paganas y gentiles de la filosofía, la ciencia y la razón, arrancando de raíz el espíritu trágico-heroico de la gran tradición indoeuropea; que engañó a los pueblos con imágenes estupefacientes de "felicidad" en el "más allá" y otras fábulas de las que el holocausto no es más que la oscura contraparte infernal, asimismo secularizada en forma de ideología política antifascista, esta doctrina fuente de todas nuestras desgracias universalistas, sostengo, debe caer también con la Shoah, el imperialismo yanqui y el Estado de Israel.
Todos aquellos europeos de espíritu que, en el mundo, puedan y quieran aportar sus fuerzas a la batalla, deben hacerlo ahora: no habrá una segunda oportunidad para nuestra causa. El agnosticismo activo respecto de la historia del holocausto responde también, por otro lado, a la pregunta: ¿cómo sería posible la revolución hoy? Parece evidente que, por una simple cuestión material, las revoluciones violentas están condenadas al fracaso. Los medios tecnológicos con que cuenta la oligarquía son de una capacidad destructiva tan aplastante, que la añeja fórmula romántica "el pueblo unido jamás será vencido", entendiendo por tal el irresistible peso casi físico de la mayoría, ya no puede considerarse más que una añoranza poética del pasado. Sin embargo, en contrapartida, hay que decir que el sistema oligárquico no gobierna por la fuerza, sino mediante la manipulación y que, en este sentido, depende de la creencia subjetiva masiva en la existencia de una legitimidad democrática. El sistema oligárquico no puede utilizar así, contra la gente, de manera indiscriminada, el poder de que dispone sin deslegitimarse de forma automática. El sistema reprime y silencia a los disidentes, ensordeciendo además esta represión, pero debe renunciar a regañadientes a aplicar semejante estrategia a gran escala, por lo menos en los países centrales (otra cosa es Bagdad o Gaza). En consecuencia, tanto de un lado como de otro, la victoria y la derrota se deciden en el terreno de lo simbólico, es decir, dela ideología.
César Vidal, propagandista sionista.
La victoria sobre el sistema oligárquico sólo puede ser incruenta y debe aceptar pues, como premisa metódica, la prohibición de derramar una sola gota se sangre aunque no cabe duda de que el sistema ya está utilizando los asesinatos selectivos para eliminar a sus críticos, la merecida respuesta popular sería calificada de "terrorismo" y abortada sin contemplaciones. ¿Existe, por tanto, alguna vía estratégica para la revolución? A mi entender, sin duda la hay, a saber: la revolución pacífica por excelencia es la negación de la narración oficial del holocausto. La falsación rigurosa de este mito oficial y la caída de la oligarquía señalan el haz y el envés de un único proceso de transformación histórica. Y a la inversa: no hay derrota de la oligarquía si se perpetúa, de una u otra manera, el mito de Auschwitz y la ideología antifascista o su lenguaje y hasta su jerga vulgar. Fuente : ENSPO
Los hombres que amaban a las mujeres
La excusa sostenida hasta hoy para minimizar el escándalo moral de un progresismo peor que el reaccionario nazismo incluso en el trato a la mujer es que la extremada violencia contra las mujeres y niñas alemanas por parte de los soldados soviéticos era una venganza por la crueldad del frente oriental y por actos cometidos por los propios alemanes contra civiles rusos. Pero los hechos cuestionan esta habitual eximente, siendo así que la brutalidad del Ejército Rojo con las "burguesas" está documentada ya en la guerra civil contra los blancos, y que las víctimas de los rusos eran a veces mujeres polacas, prisioneras rusas o hasta judías "liberadas" de los campos.
A nuestro entender, estos hechos no pueden ser juzgados aisladamente, sino que tienen relación con los bombardeos crematorios ingleses contra civiles alemanes, el trato dado posteriormente a los prisioneros de guerra de la Wehrmacht, las hambrunas planificadas, los campos de concentración para civiles dirigidos por judíos... Sólo podemos comprender esta violencia en el contexto de un plan de exterminio del pueblo alemán que fue concebido y puesto en práctica por Washington, Londres y Moscú antes de que empezara el holocausto. Si no llegó a consumarse más que de forma parcial, no fue por la bondad de los vencedores, sino por la ruptura de relaciones entre el Este y el Oeste y el inicio de la Guerra Fría. Respecto de lo sucedido en los campos de concentración alemanes con los prisioneros, judíos y no judíos, que eran retenidos como mano de obra y a efectos militares, también nos parece imposible seguir sosteniendo que los abusos cometidos contra ellos obedecieran a la simple "maldad" alemana !no otro era el lenguaje de Kaufmann! y no a una reacción frente a actuaciones genocidas, y previas, de los presuntos defensores de la democracia y el progreso. El cuento infantil de la (supuesta) Liberación aliada, el poema épico de Normandía, nos lo podíamos creer cuando no sabíamos lo que ahora ya sabemos; la edad de la inocencia sobre la relativa bondad de los líderes "democráticos" frente a los diabólicos "nazis" terminó.
Cada año, los medios de prensa controlados por los filosionistas fabrican, mediante la prevaricación de una crítica literaria teledirigida políticamente, algún best seller que mantenga viva la fe antifascista. Se trata de auténticos bodrios, como "El niño con el pijama a rayas", pero a fuerza de insistir los medios en su genialidad, la gente termina comprándolos y se inocula, sin saberlo, de la necesaria dosis de ideología-veneno al servicio de una anticívica ceguera voluntaria. Luego viene, por supuesto, la inevitable película, que el cretino de turno también irá a ver al cine o en video, financiando por partida doble el dispositivo de lavado de cerebro construido por los nacionalistas judíos a escala mundial.
El libro de MacDonogh no deja de ser, empero, un intento de reducir al máximo la magnitud del escándalo, como en su día lo fue “El libro negro del comunismo”, donde se hablaba mendazmente de 25 millones de víctimas del nazismo (la cifra correcta rondaría los 11 millones) para hacerse perdonar de alguna manera el atrevimiento de tener que reconocer que el comunismo fue mucho peor en términos de derechos humanos y de asesinato de masas que todos los regímenes fascistas juntos. MacDonogh habla de 2,25 millones de civiles alemanes víctimas de la hambruna planificada por los ocupantes aliados. Sabemos que fueron muchos más, y quizá hasta cerca de 6 millones, por la simple comparación entre los censos de posguerra y la resta de los contingentes de los refugiados del Este y de Centroeuropa. Debemos acostumbrarnos, en la fase histórica actual, a reconocimientos “parciales” de la realidad, que deben abrir paso a nuevos estudios y que, aunque en pequeñas dosis de objetividad (para evitar un estallido cívico), permitirán desmontar la narración oficial de la “cruzada antifascista”.
El futuro nos depara la verdad, que no dejará de salir a flote y nos permitirá, entre otras cosas, comprender las “causas del holocausto”. Porque el exterminio de los judíos no se explica, como se nos pretende hacer creer, a partir del antisemitismo nazi o de la simple maldad asesina de los alemanes tesis de Goldhagen, sino del desarrollo de la guerra y de un previo plan de exterminio de Alemania que fue conocido por las autoridades nacionalsocialistas y provocó, de alguna manera, la consecuencia fatal, que ahora se nos presenta descontextualizada y, por tanto, incomprensible y diabólica. Nuestra tarea es acelerar dicho proceso de comprensión pública, puesto que los asesinos que nos gobiernan tienen previstos unos plazos muy largos en este desvelamiento de su monstruoso pasado. Para cuando eso ocurra, puede que Europa, tal como la conocemos, haya desaparecido y dicha “verdad” ya no resulte “peligrosa” para los ocupantes.
No se han encontrado documentos que acrediten un plan estatal de exterminio nazi de los judíos, pero sí tenemos los que prueban la existencia de un plan de exterminio aliado de Alemania que contaría, ocioso es decirlo, con el beneplácito de Moscú. La obra se titula Germany must perish y fue publicada en el año 1941 por el judío norteamericano Theodore N. Kaufman. Varios periódicos estadounidenses harto influyentes se hicieron eco de ella y la valoraron de forma muy positiva otros la criticaron. La noticia llegó, por supuesto, a Alemania, donde los medios de comunicación y la autoridad, con una finalidad claramente propagandística pero creyendo de buena fe en la realidad de la amenaza, informaron al pueblo alemán del futuro que le esperaba si era derrotado: la extinción por esterilización forzada de toda la población. No cabe duda de que la obra de Kaufman es el antecedente del plan Morgenthau, acuñado por el banquero judío estadounidense, muy próximo al presidente Roosevelt, Henry Morgenthau. Pero el método Morgenthau iba a ser la hambruna, aunque combinada también con la esterilización, de la que existen testigos directos a los que hemos podido consultar para acreditar los hechos. Se ha sostenido que el plan Morgenthau, en su forma original, no se aplicó, siendo así que hubiera implicado el exterminio de 25 millones de alemanes.
En la española brillan por su ausencia los aspectos criminales del plan Morgenthau. Pero el plan en sí es sólo la expresión de la orientación estratégica de destruir Alemania y sí tuvo consecuencias, pues, de alguna manera, se encuentra detrás de la polítca de racionamiento, a la que Pat Buchanan responsabiliza de la muerte por inanición de 750.000 civiles en realidad fueron muchos más. Cuando hablamos del plan Kaufman-Morgenthau, nos referimos menos a la articulación expresa de dicha voluntad que a la voluntad misma, que subyacía a la determinación política del bando aliado-soviético.
La aplicación del plan Kaufmann-Morgenthau
En este sentido, se puede afirmar que la aplicación del plan de exterminio fue inmediata por parte británica, que diseñó un proyecto estratégico de bombardeo "moral" de las ciudades alemanas concebido para quemar viva a la población civil, con 15 millones de víctimas previstas en risueñas conversaciones a la hora del té. A tal efecto, los ingleses diseñaron una tecnología cada vez más sofisticada de bombas incendiarias y a finales de 1941, es decir, antes de que se desencadenara el holocausto según la propia narración oficial del mismo, empezaron a masacrar a mujeres, ancianos y niños alemanes. La defensa alemana impidió que el número de asesinados alcanzara los niveles anhelados por los genocidas Churchill y Stalin, pero con todo, se calcula que alrededor de 1.100.000 de personas encontraron la espantosa muerte que los dirigentes “democráticos” y “progresistas” habían planificado para ellos. Sobre las características de los bombardeos aliados contra la población civil alemana tenemos la obra de Jörg Friedrich “Der Brand. Deutschland im Bombenkrieg, 1940-1945” (2002), afortunadamente traducida al español (“El incendio. Alemania bajo los bombardeos, 1940-1945; Madrid, Taurus, 2003). Nuestra intención no es, empero, explicar aquí lo que ya relata este libro con todo lujo de detalles, sino ir juntando las piezas del monstruoso puzle que hasta ahora Hollywood nos había ocultado.
El libro "!Alemania debe perecer!" concibe la Segunda Guerra Mundial como una lucha no contra el nazismo, sino contra elpueblo alemán. Los alemanes son, dice el judío Kaufman, bestias, y como tales hay que tratarlos. Admite que haya quizá unos 15 millones de alemanes "inocentes" el resto serían culpables, sobretodo los niños, pero razona que conviene sacrificarlos en aras del bienestar de los pueblos de la tierra. Hitler tradujo un millón de ejemplares de esta lamentable "obra" y la distribuyó entre sus soldados.
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