
Más allá de esto, el trabajador tiene una capacidad casi preternatural para comprender la verdad cuando le es presentada en una forma simple, y él es intrínsecamente atraído hacia ella. Si todas las cosas son iguales, la veracidad de un mensaje dará al partido que presenta este mensaje una ventaja decidida sobre aquellas falsedades que se le presentan.
La verdad, reducida a su forma más simple, debe ser el núcleo de nuestra presentación; esta verdad es que el judío es responsable de la destrucción de nuestra gente. Las masas no pueden entender el concepto de un enemigo ideológico; ellas sólo pueden entender el concepto de un enemigo físico. El judío, siendo una criatura foránea, es un enemigo que es fácil de entender para las masas. No hay ninguna verdadera necesidad de enrevesar este mensaje intentando distinguir entre diferentes clases de judíos, o intentando proporcionar explicaciones ultra-complicadas en cuanto a sus ideologías religiosas y políticas. El enemigo no es una idea, no es un sistema de creencias: es una raza de gente.
Un movimiento que espera conseguir grandes cosas debe estar alerta y conservar su unión con el pueblo. Cada cuestión debe ser considerada desde aquel punto de vista y ser decidida con aquella visión. Un movimiento debe evitar cualquier cosa que pudiera reducir o tan sólo debilitar ligeramente su capacidad de influír sobre las masas. Sin la poderosa fuerza de un gran pueblo, ninguna gran idea, a pesar de lo noble y exaltada que sea, puede ser probablemente conseguida.
Adolf Hitler, Mein Kampf.
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