martes, 2 de septiembre de 2014

La preferencia..no es odiar..

Es perfectamente sano, normal y correcto amar lo que es propio de uno más que lo que pertenece a otros, el racismo, adecuadamente entendido, es el reconocimiento de la realidad de las diferencias objetivas, las diferencias biológicas entre las razas, la mezcla racial inevitablemente da origen al odio y a la violencia, de manera que la separación racial es el mejor modo de preservar todas las razas. Preferir la propia familia a los vecinos no es odio, preferir los propios amigos a los forasteros no es odio, preferir la propia patria a un país extranjero no es odio, yo prefiero a los Blancos que a otras razas, pero eso no significa que yo odio a las otras razas, por lo tanto es natural, normal y correcto mostrar preferencias por lo de uno mismo, por la familia de uno, por los amigos, la patria, la nación y la raza de uno.
La preferencia no significa odio sino simplemente una desigualdad de afectos. 
Sé por experiencia personal que los anti-racistas son un grupo típicamente venenoso, agresivo y lleno de odio.  Debo admitir que algunas personas se ven atraídas hacia el movimiento Nacionalista Blanco simplemente porque, por alguna razón psicopatológica, ellos están llenos de odio, y piensan que el movimiento les ofrecerá un lugar para expresar su odio abiertamente. Pero la gente llena de odio es atraída hacia todas las causas. Cada causa tiene un enemigo, que es marcado como un objeto apropiado de odio. Así, cada causa atraerá a gente enojada y enferma que busca una salida para su agresión.



Sospecho, además, que algunas personas marginales y psicopáticas son atraídas hacia el Nacionalismo Blanco precisamente porque los anti-racistas han fomentado la impresión de que nosotros estamos todos locos. Pero también sospecho que odiadores mucho más psicopáticos son atraídos hacia la corriente principal cultural y política que hacia un movimiento marginal como el Nacionalismo Blanco, simplemente porque el sistema no es precisamente escaso en objetos socialmente aceptables de odio. Es, por ejemplo, socialmente aceptable odiar a la gente Blanca, especialmente a los Blancos rurales y del Sur, a los Nacionalistas Blancos, a los árabes, a los musulmanes y a otros enemigos de los judíos. Entonces busque a la mayoría de odiadores psicopáticos entre las filas de los anti-racistas, en las fuerzas policiales, entre los militares, y en el movimiento conservador dominante, especialmente entre los belicistas. Pero debo ser franco. Aunque preferir la propia raza no conduce en sí mismo al odio hacia otras razas, yo realmente odio a otras razas. Aquí es donde mis enemigos colocarán las citas entre comillas, cuando saquen mis palabras fuera de contexto para difamarme. Lo que sigue es el contexto, es decir, algunas necesarias distinciones, calificaciones, ejemplos y explicaciones.

Primero que nada, encuentro muy difícil decir que odio a alguien o algo. Eso va en contra de mi naturaleza. Si es que algo, tiendo a ser demasiado sentimental y de corazón blando, demasiado abierto a las apelaciones a la emoción. Me gusta adular a los niños y a los perros, y encuentro especialmente difícil decir No a las mujeres.


Segundo, no odio a todas las otras razas. Si mañana descubriéramos vida en Marte, sé que yo preferiría mi raza a los marcianos. Pero yo no los odiaría. Igualmente, prefiero mi propia raza a los cazadores de cabezas de Papúa, a los aborígenes de Australia, a los pigmeos del Congo y a los bosquimanos del Kalahari. Pero no los odio. ¿Por qué no? Porque no tengo que vivir con ellos. Porque estoy separado de ellos. Porque, hasta donde sé, ellos no afectan negativamente mi vida.


Sin embargo, si la Iglesia Católica, el gobierno o la Sociedad Hebrea de Ayuda a los Inmigrantes establecieran una colonia de papuanos, aborígenes australianos, pigmeos, bosquimanos o marcianos en mi edificio, y yo tuviera que vivir en una cercana proximidad con ellos y, peor aún, subvencionarlos con mis impuestos yo probablemente comenzaría a odiarlos.  Otros comportamientos son simplemente intentos de manipular a los Blancos, a quienes estos polinésicos parecen considerar con un cordial desprecio. Es difícil no ser despectivo con respecto a la gente cuyo compromiso con el "multiculturalismo" significa el abandono de sus propios estándares culturales cada vez que ellos entran en conflicto con los estándares extranjeros, no importa cuán bárbaros e inferiores sean éstos.
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