jueves, 20 de noviembre de 2014

Esto es lo que fue Núremberg: por Ernst Zündel, 1996

No fue un "tribunal militar internacional" en absoluto, no fue ni siquiera internacional en su composición, en vez de ello, los vencedores se sentaron para juzgar a los vencidos.
Cuando pensamos en los Juicios de Núremberg, pensamos en Auschwitz, Bergen Belsen, Dachau, sitios que los Aliados "liberaron" y donde ellos "encontraron aquellos esqueletos", produciendo útiles telones de fondo fotográficos para justificar lo que debía seguir desde entonces. 
Los comentaristas de la actualidad vomitan hasta la saciedad todo el repugnante y mentiroso testimonio de perjuros y estafadores que en el nuevo canal especializado Court TV está sometiendo a todo el continente de América del Norte a un programa especial sobre Núremberg, una fiesta de odio televisivo de aproximadamente 15 horas de duración en total. El actual Estado vasallo alemán establecido por los Aliados en la Alemania de la posguerra, un Estado cuyas raíces y fundamentos se derivan de estos repugnantes procedimientos de la venganza Aliada contra un pueblo alemán vencido no defenderá a su propia gente contra esta avalancha de odio y mentiras, de manera que yo trataré de hacerlo. Prepárese para alguna materia de reflexión. Habla del carácter de nuestros tiempos el que ésta pueda ser la primera vez que algunos de mis lectores se vean expuestos a un punto de vista histórico diferente acerca de los Juicios de Núremberg. Estamos tan habituados a la difamación y al libelo que a menudo ni siquiera notamos aquello o no lo reconocemos como tal. Estamos tan acostumbrados a ver a Alemania como el conveniente y meritorio chivo expiatorio por todos sus "crímenes nazis", que difícilmente dedicamos alguna vez un pensamiento a su creación, o a sus Padrinos.



Nahum Goldman escribe en La Paradoja Judía, página 123:


«Durante una reunión del Congreso Judío Mundial en Londres, un judío ruso llamado Noah Baron, un maravilloso hombre y un gran idealista (...) me habló acerca de participar activamente primero que nada reuniéndome con Adenauer. Yo estaba muy indeciso en el fondo, porque no era un asunto fácil para mí hablar con los alemanes otra vez.


«Y de hecho fue finalmente mi cabeza, y no mi corazón, lo que me decidió a negociar. Pero puse una condición previa antes de que me reuniera con el Canciller para entablar negociaciones: Adenauer tenía que hacer una declaración solemne al Bundestag [Parlamento]; él debía decir que aunque la Alemania de aquellos días ciertamente no fuese la Alemania que había producido Auschwitz (...) sin embargo había heredado las responsabilidades de los nacionalsocialistas, y las reparaciones eran su deber; él debía añadir que las reparaciones materiales no podían borrar el mal hecho a los judíos por los alemanes».


Veamos ahora cómo comenzó y evolucionó este asunto de los "Juicios de Núremberg" que desembocó en tal culpa y en sumas tan enormes de reparaciones exprimidas a un país derrotado, Alemania, durante los pasados 50 años.
La culpa, utilizada de manera experta, es un arma terrible, una poderosa herramienta y también una generosa fuente de ingresos. Hubo, de hecho, una política y un programa involucrado para castigar a Alemania por supuestos crímenes de tiempos de guerra, planeados e implementados mucho antes de que los "crímenes" de la Alemania nacionalsocialista fueran "revelados" a un mundo atónito, estremecido y horrorizado a través de noticieros y titulares sensacionalistas.

Ha habido millones de palabras, y decenas de miles de libros, escritos acerca de los procedimientos de Núremberg en respuesta a esos presuntos crímenes, publicaciones en toda clase de lenguaje, todos tomando prestadas sus notas unos de otros y repitiendo la propaganda Aliada de posguerra.


Una mentira repetida seis millones de veces, sin embargo, no se convierte en verdad por su mera repetición. Este ensayo inspeccionará las condiciones previas y los motivos de la mentira.

Las generaciones que se han hecho adultas desde el final de la Segunda Guerra Mundial han tenido pocas posibilidades de mirar de manera crítica los Juicios de Núremberg. A ellas no se les ha permitido el acceso, por ejemplo, a la información que muestra lo que algunas personas importantes y personalidades pensaron entonces acerca del repulsivo proceso entero de utilizar leyes ex post facto [promulgadas después de los hechos] contra un ex-enemigo prácticamente indefenso, militarmente derrotado y aún militarmente ocupado.


Según Nahum Goldman, ex-presidente del Congreso Judío Mundial, los proyectos estaban siendo planeados con gran cuidado y astucia incluso durante la guerra, y estaban siendo puestos los fundamentos para la mentira. Mucho antes de que Estados Unidos consintiera en proporcionar sus hombres jóvenes a una guerra fratricida luchada no por intereses nacionales estadounidenses sino en favor de los intereses de un pueblo extranjero y de un Estado que ni siquiera existía entonces, surgió en la existencia esteInstituto de Asuntos Judíos en Nueva York que preparó un brebaje diabólico.


Escribe Goldman en La Paradoja Judía, páginas 122-123, abordando este asunto:


«La idea del Instituto era que la Alemania nacionalsocialista debería pagar después de su derrota. Aquello, sin embargo, requería creer en la derrota, en un momento en que parecía probable que la guerra en Europa estaba perdida para los Aliados; pero como Churchill y De Gaulle, conservé mi fe. Nunca dudé ni por un momento, porque yo sabía que Hitler nunca lograría moderarse y que sus excesos arrastrarían a los Aliados hacia el conflicto.

«Según las conclusiones del Instituto, las reparaciones alemanas tendrían que ser pagadas primero a la gente que había perdido sus pertenencias por causa de los nacionalsocialistas. Posteriormente, si, como esperábamos, el Estado judío era creado, los alemanes pagarían compensaciones para permitir a los sobrevivientes establecerse allí. La primera vez que esta idea fue expresada fue durante la guerra, en el curso de una conferencia en Baltimore».


Como sabemos, y nunca se nos permite olvidar, a su debido tiempo Hitler perdió la guerra. Entonces llegó el momento para llevar a cabo juicios-espectáculos de tipo estalinista contra la derrotada dirigencia alemana. ¿Era esto simplemente acerca de "castigo"? ¡Piénselo otra vez!.


Continúa Goldman:


«La importancia del tribunal que se sentó en Núremberg no ha sido reconocida en su verdadero valor. Según el Derecho internacional, era en efecto imposible castigar a soldados que habían estado obedeciendo órdenes. Fue Jacob Robinson quien tuvo esta idea extravagante y sensacional. Cuando él comenzó a tantearla entre los juristas de la Corte Suprema estadounidense, ellos lo tomaron por un tonto. "¿Qué hicieron estos oficiales nacionalsocialistas que era tan sin precedentes?", preguntaron ellos. «"Usted puede imaginar a Hitler siendo procesado, o quizá incluso a Goering, pero éstos son simples soldados que cumplieron sus órdenes y se comportaron como soldados leales". Nosotros por lo tanto teníamos el problema más grande en lograr persuadir a los Aliados; los británicos estuvieron justamente opuestos, y los franceses escasamente interesados, y aunque ellos participaron más tarde, no jugaron ningún gran papel. El éxito vino porque Robinson logró convencer al juez de la Corte Suprema Robert Jackson» (La Paradoja Judía, p. 122).


¿Qué siguió después? ¡Control total de las comunicaciones y manipulación de las noticias mediante la censura!.


Las potencias Aliadas, en virtud de haber establecido un gobierno militar —uno podría llamarlo también una dictadura militar, desde muchos puntos de vista más restrictiva que lo que el Estado de Adolf Hitler lo había sido— tenía un estricto control sobre todos los canales de comunicación.


Este hecho no puede ser exagerado. Desde el control y supervisión del servicio de correos, pasando por el del telégrafo y de los sistemas telefónicos, emisoras de radio, hasta libros, periódicos y empresas editoras de revistas, los Aliados estaban completamente a cargo mediante un inteligente "sistema de licencias".


Cualquiera que no se atuviera rigurosamente a la línea de la propaganda Aliada perdía su licencia o le era suspendida como castigo. Los periodistas perdían sus acreditaciones. Los periódicos perdían su ya muy escaso suministro de papel o las asignaciones de tinta para sus imprentas, o perdían sus privilegios de envíos postales a precio reducido. Adicionalmente, Alemania fue dividida en zonas de ocupación militar, que eran como mini-Estados, que emitían sus propios pasaportes, cupones de alimentos y combustible, así como tarjetas de racionamiento y vestuario fijas.  Si usted quería viajar en la Alemania ocupada de una zona a otra en los años inmediatos de posguerra, tenía que explicar a las autoridades militares locales en una petición escrita por qué usted quería viajar a otra zona, a quién quería ver usted, y dónde usted tenía la intención de quedarse. Usted tenía que solicitar cupones de racionamiento para el período de su ausencia.


Había otros procedimientos burocráticos, y, para el equipo de la defensa en Núremberg, restricciones muy inoportunas también, algunas a propósito, otras de manera predeterminada. Muchos trenes no viajaban según lo programado o ni siquiera en absoluto, por falta de carbón. La mayor parte de los edificios carecía de calefacción. El pueblo pasaba hambre. El campo estaba en gran parte sin hombres. Había ruinas dondequiera que usted mirara, miseria por todas partes, ¡más miseria que la que hubo alguna vez durante la guerra amargamente luchada!.


Encuentro en mis conversaciones y entrevistas, e incluso durante mis casos judiciales, que jueces, acusadores y aún los abogados de la defensa, no tienen la más remota idea de lo que realmente era la vida para los equipos de la defensa en Núremberg en los años 1946 a 1949.

La generación de hoy, lavada de cerebro por el alarde publicitario de alta tecnología de frenesí alimentado por los medios de comunicación y una superabundancia de imágenes del juicio a O. J. Simpson, no tiene ninguna idea de bajo qué circunstancias trabajaron los abogados alemanes de la defensa. ¡Ni la más mínima pista!.


Además, sospecho que a la cínica generación de abogados, acusadores y jueces avarientos y auto-promocionados de hoy le importa un comino lo que era la horrible verdad y la realidad de entonces. Sin embargo, algunas de estas cosas deben ser registradas por el bien de la Historia.


Imagine que usted dijera a los poderes de ocupación que usted quería ir a Núremberg para declarar en defensa de Rudolf Hess, Joachim von Ribbentrop, Kaltenbrunner, Göring, Streicher, o líderes militares como Keitel, Jodl, Dönitz, Raeder u otros. Si el hombre militar a quien usted solicitaba el permiso era un judío con uniforme de Rusia, Francia, EE.UU. o Inglaterra, ¡imagine la respuesta! ¿No pensaría él que el solicitante alemán era todavía un "amante de los nazis" intentando un mal adicional?.

No se requiere ser un científico de cohetes para entender por qué muchas personas huirían de ser políticamente implicados como testigos o expertos de la defensa después de haber sobrevivido recién a una guerra brutal, horrendas incursiones de bombardeo y a las hordas violadoras y saqueadoras de los autoproclamados "libertadores".

¿Quién elegiría voluntariamente exponerse para ser detenido, golpeado, torturado, etc., considerando las circunstancias? Es notable que de algún modo hubiera testigos de la defensa que aparecieron y trataron de ayudar a aquellos desdichados prisioneros en Núremberg.

Hay casos de abogados de la defensa que habiendo localizado y convencido a testigos cruciales para que testificaran, vieron que éstos estaban siendo retenidos en campos Aliados para prisioneros, sólo para encontrarlos —¡muy conveniente para el procesamiento!— "perdidos" durante las transferencias, "perdidos" el suficiente tiempo hasta que los procedimientos hubieran pasado el punto donde su testimonio pudiera haber sido útil para la defensa.


Estos abogados de la defensa trabajaron contra probabilidades casi insuperables. Ellos se sentaban en sótanos fríos, húmedos, sótanos de casas bombardeadas medio arruinadas con ventanas tapiadas, que trabajaban en abrigos, escribiendo con dedos agarrotados, llevando puesto sombreros, bufandas y guantes para protegerse contra el frío y la progresiva humedad.


Ellos estaban tratando de escribir algún texto y de formular algún argumento de modo que un cliente, que era diariamente vilipendiado en la prensa y en la radio, en los noticieros y en la radio de las Fuerzas Armadas, como un monstruo despreciable y un criminal sin rasgos humanos, pudiera conseguir una apariencia de defensa en aquellos procedimientos pesadillescos y kafkianos llamados los Juicios de Núremberg.


Aquellos eran tiempos realmente desesperados para los alemanes. La defensa se veía obstaculizada por carencia de personal, espacio, máquinas de escribir y cintas e incluso de papel carbón así como instalaciones de fotocopias y provisiones de papel. Recuerde que, en 1945, una fotocopia significaba exactamente lo que su nombre decía. ¿Quién elegiría voluntariamente exponerse para ser detenido, golpeado, torturado, etc., considerando las circunstancias? Es notable que de algún modo hubiera testigos de la defensa que aparecieron y trataron de ayudar a aquellos desdichados prisioneros en Núremberg.


Hay casos de abogados de la defensa que habiendo localizado y convencido a testigos cruciales para que testificaran, vieron que éstos estaban siendo retenidos en campos Aliados para prisioneros, sólo para encontrarlos —¡muy conveniente para el procesamiento!— "perdidos" durante las transferencias, "perdidos" el suficiente tiempo hasta que los procedimientos hubieran pasado el punto donde su testimonio pudiera haber sido útil para la defensa.


Estos abogados de la defensa trabajaron contra probabilidades casi insuperables. Ellos se sentaban en sótanos fríos, húmedos, sótanos de casas bombardeadas medio arruinadas con ventanas tapiadas, que trabajaban en abrigos, escribiendo con dedos agarrotados, llevando puesto sombreros, bufandas y guantes para protegerse contra el frío y la progresiva humedad.


Ellos estaban tratando de escribir algún texto y de formular algún argumento de modo que un cliente, que era diariamente vilipendiado en la prensa y en la radio, en los noticieros y en la radio de las Fuerzas Armadas, como un monstruo despreciable y un criminal sin rasgos humanos, pudiera conseguir una apariencia de defensa en aquellos procedimientos pesadillescos y kafkianos llamados los Juicios de Núremberg.

Aquellos eran tiempos realmente desesperados para los alemanes. La defensa se veía obstaculizada por carencia de personal, espacio, máquinas de escribir y cintas e incluso de papel carbón así como instalaciones de fotocopias y provisiones de papel. Recuerde que, en 1945, una fotocopia significaba exactamente lo que su nombre decía.


Una fotografía tenía que ser tomada usando un tipo de película especial. Un negativo tenía que ser desarrollado y secado. Ese negativo tenía que ser proyectado por medio de una ampliadora sobre papel fotográfico sensible a la luz en un cuarto oscuro. Tenía luego que ser desarrollado usando productos químicos no fácilmente disponibles y tambores secadores eléctricos que consumían la preciosa electricidad para secar las impresiones. La electricidad era racionada severamente a aproximadamente dos horas cada día, con sólo algunos kilovatios permitidos por persona. Trate de ponerse en el lugar de los equipos alemanes de la defensa, cuando a dos docenas de abogados, que defendían a un gran número de clientes diferentes, se les entregaba un documento de 30, 50, 100 ó 200 páginas por parte de los acusadores —a menudo éste era el único grupo de documentos para todos los abogados— y usted tenía un tiempo limitado hasta el día fijado por el tribunal para estudiar, analizar, sopesar las acusaciones, buscar testigos potencialmente exculpadores, en un país bombardeado donde decenas de millones de personas estaban sin hogar, congelándose y privados de comida.


Las viejas guías telefónicas todavía existentes y los directorios de la ciudad eran prácticamente inútiles, porque el servicio telefónico no estaba todavía restaurado en muchos sitios, y las personas particulares casi nunca conseguían un teléfono aprobado por las autoridades de ocupación a menos que usted fuera "esencial", digamos, como un doctor médico.


Ahora, veamos los derechos de los acusados para conseguir al abogado de su elección, un derecho sagrado en los países más civilizados. ¿Qué piensa usted que eso significaba en aquellos días histéricos y sin ley en la Alemania de posguerra? ¿Qué abogado podría permitirse ponerse del lado de un "monstruo nazi"?.


Muchos años más tarde, mi propio abogado fue a veces acusado, durante mis propios procesos en la pacífica y democrática Canadá, de "estar demasiado estrechamente asociado" conmigo, el acusado, por comentaristas de los medios, otros abogados y aún, ocasionalmente, por un juez que mostró una intolerancia desenfrenada contra un acusado vilipendiado por aquellos en la sociedad contemporánea que tienen en sus manos el destino de la gente acusada.


Imagine qué coraje deben haber requerido aquellos abogados de la defensa de Núremberg —quienes también eran padres de hijos y maridos de mujeres—, todos contentos por haber sobrevivido a la guerra, todos ellos tratando de construír nuevas carreras a partir de los escombros de la Alemania derrotada, devastada en 1946. Se requería mucho más que agallas. Se requería una real dedicación a un principio y un amor por la justicia que pocos en la sociedad de hoy podrían afirmar tener o apoyar. Digamos que usted era un abogado con tales rasgos heroicos. Los Aliados muy a menudo podrían declararlo a usted un "nazi" también, poniéndolo en la clase de los "criminales", ya que el Partido Nacionalsocialista fue declarado "una organización criminal" por los conquistadores. La mayor parte de la élite intelectual de Alemania había sido miembro del Partido Nacionalsocialista, y casi todos habían ido a la guerra, y las posibilidades eran que hubieran sido severamente heridos o incluso muertos.



Aquellos que sobrevivieron eran realmente personæ non gratæ. Ellos volvieron de una guerra devastadora, y se encontraron no sólo criminalizados sino privados de sus derechos cívicos y humanos por conquistadores crueles que todo el tiempo seguían hablando sin cesar su propaganda sobre el maravilloso Nuevo Orden Aliado.


Si usted, contra enormes probabilidades, finalmente se encontraba examinado, interrogado y acreditado como un abogado en los Juicios de Núremberg, ¿a qué se hubiera usted enfrentado en efecto? Demos una mirada fría y dura a este así llamado Tribunal Militar Internacional (TMI). ¡Cuán honesto y noble que suena! Una etiqueta así puede esconder muchas llagas. Aquella llaga de Núremberg todavía está viva.

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