lunes, 22 de febrero de 2016

Alexander Dugin no es uno de los nuestros.







Según algunos textos, la mayoría de los nacionalistas blancos son conscientes de que Alexander Dugin no es uno de los nuestros.

Tampoco no está claro cómo él puede acusar al que sostenga teorías sobre las diferencias raciales, como racismo de hipócritas, ya que no todos los supremacistas raciales son incoherentes, mienten o son hipócritas sobre su ideologia, al contrario, reconocen su ideologia racial sin complejos, como tampoco no está para nada claro cómo Dugin puede condenar al NS desde un punto de vista moral mientras que al mismo tiempo rehabilita a figuras como Stalin y Pol Pot como nacional-comunistas.


Dugin ha declarado que ve a la raza como una construcción social. Podemos asumir con seguridad que no está siendo simplemente poco sincero, ya que esta afirmación es coherente con su posmoderna y relativista orientación teórica, así como con las declaraciones que ha hecho anteriormente en el sentido de que la idea de solidaridad racial blanca es tanto irrealista como potencialmente peligrosa.

Cuando se trata del mito de la “solidaridad de la raza blanca”, es una completa utopía que conduce no sólo al holocausto de los judíos, sino también al genocidio de los eslavos. Los restos del Tercer Reich son una base para esta miserable, contradictoria y completamente falsa concepción. El mundo anglo-sajón es una realidad sociopolítica y cultural. Los habitantes de Europa Central son algo diferente. El mundo oriental del Cristianismo ortodoxo y los eslavos es una tercera realidad.

En otras palabras, Dugin sostiene el punto de vista de que cualquier forma de identidad racial positiva entre blancos conducirá inevitable y fatalmente hacia un nuevo "holocausto".


Probablemente, Dugin sigue a Alain de Benoist al ver el concepto de raza y al fenómeno del racismo como un producto, un fenómeno moderno.


Alain de Benoist está en lo cierto en que el concepto de raza fue primero formulado en el contexto de la Ilustración, como una de las bases de la nueva ciencia de la antropología.

Esto en sí mismo no constituye suficiente fundamento para rechazar el concepto de raza. Incluso antes de que el concepto de raza fuera formado, la raza era un hecho biológico, al igual que el ADN existió antes del surgimiento de la ciencia de la genética.

Puede ser que Dugin suscriba la idea de que para que el concepto biológico de raza sea significativo, esto es, para que sea posible categorizar a los individuos como pertenecientes a cierta raza, deba existir un individuo racialmente puro que pudiera encarnar una norma o estándar de comparación. Ya que a nivel genético, sin duda no existen tales individuos, el concepto de raza está supuestamente privado de su fundamento científico y revela tener sólo significado social.


Ya que Dugin ve a la raza como una construcción puramente conceptual, él puede libremente manipular y extender el significado del término “racismo” para incluir varias formas de discriminación que no están normalmente incluidas bajo este término: racismo cultural, racismo civilizacional, racismo tecnológico, racismo social, racismo económico.

El concepto de “racismo” se encoje y expande convirtiéndose simplemente en sinónimo de discriminación sobre la base de normas que son subjetivas o relativas hasta el punto de que casi cualquiera puede afirmar ser víctima de él.

Definiendo al racismo como cualquier intento de elevar una apreciación subjetiva al estatus de teoría, él deberia afirmar que no sólo el Nacionalsocialismo y Fascismo, sino que también el Comunismo y Liberalismo son racistas, ya que postulan a un cierto sujeto político como normativo, el proletariado o el ilustrado individuo burgués.



Hay sin duda elementos racistas en los escritos de Marx. Él veía favorablemente al colonialismo, como un medio para modernizar e industrializar a las naciones no-europeas, lo cual era una condición previa para la transición final hacia el Comunismo. Él estaba convencido también de que algunas razas estaban condenadas a perecer, ya que eran inherentemente incapaces de sobrevivir a la progresión hacia el Comunismo.

Dugin también vuelve al anti-racismo contra la modernidad y el progresismo. según él es racista, por ejemplo, juzgar negativamente a inmigrantes subsaharianos o árabes por su incapacidad para adaptarse a las modernas sociedades occidentales, tecnológicamente avanzadas. De hecho, los puntos de vistas tradicionales de árabes y africanos respecto a la mujer, la homosexualidad, la crianza de los niños, la ciencia evolutiva, sería un signo de su superioridad.


Por otro lado, él ve la idea de progreso en sí misma como inherentemente racista, ya que implica que la sociedad moderna, que significa sociedad occidental, es universalmente normativa y superior a las sociedades tradicionales no-occidentales. Estos últimos, él dice, no deberían ser considerados como atrapados en formas sociales arcaicas sólo porque carecen de creatividad o capacidad intelectual para construir civilizaciones. Por el contrario, es porque ellos son más puros, menos decadentes y han conservado la tradición más completa que la raza blanca. Ellos son tecnológicamente y materialmente menos avanzados, pero espiritualmente superior a la meramente materialista civilización de Occidente.


El retorno de lo reprimido.

Por más que la mayoría de los occidentales más “progresistas” intenten deshacerse del racismo y la exclusión racista, en un mecanismo que los psicoanalistas llaman el retorno de lo reprimido, sigue entrando sigilosamente por la puerta trasera, tomando nuevas formas inconscientes, de modo que, como Dugin observa incluso la corrección política en sí misma es transformada en disciplina de exclusiones políticas puramente racistas. 

No sólo los racistas blancos sino que conservadores religiosos y nacionalistas son sujetos con completa impunidad a formas de exclusión social, agresión, desprecio abiertamente exhibido, intimidación, y violencia física y psicológica que están claramente actuando fuera de precisamente aquellos patrones de conducta que en cualquier otro contexto son denunciados como racistas.


Estos grupos, que estereotípicamente se componen por los perdedores de la sociedad blanca, sus grupos social y económicamente más vulnerables, incluyendo a la clase trabajadora, los desempleados, habitantes de áreas rurales y pensionistas, son rutinariamente escupidos y humillados por los medios del "sistema" como cultural, moral, intelectual y biológicamente deficientes.

Las incesantes denuncias de racismo de Dugin a veces parecen sospechosamente una parodia intencional de la corrección política contemporánea, que ve normas discriminatorias por todos lados, y es posible que mientras acepta la deconstrucción postmoderna del concepto de raza, él intente convertirlo en una deconstrucción del término “racismo” en sí mismo, ampliando el concepto ad absurdum, hasta el punto de vaciarlo de significado y volverlo contra sí mismo.

En lugar de intentar, como la mayoría de los conservadores, resistir el relativismo posmoderno sosteniendo ciertas normas morales absolutas, la autoridad de la tradición occidental y estándares universales y objetivos de racionalidad, su estrategia es superar los últimos residuos de presupuestos ideológicos modernos empujándolos a sus conclusiones posmodernas extremas. En otras palabras, su estrategia es cooptar el relativismo postmoderno, en lugar de resistirlo.

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