jueves, 27 de agosto de 2015

Cuando gobiernan las minorías..


Tantas víctimas inocentes, todos torturados y destruídos por los depredadores judíos y los traidores que ellos compraron con sus ganancias mal adquiridas, países convertidos en lobotomizados Estados vasallos del mayor y más duradero mal que el mundo haya conocido alguna vez: los judíos.

Con el rey Offa de Mercia en el siglo VIII d.C. en el 787 él prohibió la usura, una tradición que fue conservada por sus sucesores los reyes Alfredo el Grande y Eduardo el Confesor, quien ordenó que los usureros perdieran su propiedad y fueran desterrados de por vida, una regla que podríamos usar severamente hoy.


Los judíos llegaron con Guillermo el Conquistador en 1066 y se desató todo el infierno, las tasas de interés se elevaron, y el pueblo sufrió de la depredación judía hasta 1215 cuando la nobleza obligó al malvado rey Juan a firmar la Carta Magna. En 1290 los ingleses ya habían tenido bastante, y la población judía entera, aproximadamente 16.000 de ellos, fue obligada a dejar Inglaterra para siempre.

Aproximadamente 400 años más tarde, judíos portugueses simulando ser cristianos se infiltraron en Inglaterra gracias a las maquinaciones de un traidor llamado Oliver Cromwell, quien logró, después de un simulacro de juicio, asesinar al rey y finalmente crear el monstruo succionador de dinero conocido como el Banco de Inglaterra, que gobierna el mundo entero hoy desde su enclave fortificado conocido como la City de Londres.

En el siglo XVIII, los británicos enloquecidos por el dinero condujeron tres guerras principales, contra España, el naciente Estados Unidos, y Francia. El objetivo principal de la guerra contra Francia era destruir el sistema financiero libre de deuda y libre de intereses de Napoleón. Ese mismo fue también el objetivo de la segunda guerra de Inglaterra contra las colonias norteamericanas. Y así también el objetivo del banco judío es impresionantemente revelado por los tristes infortunios del pueblo inglés.

Esta ha sido la historia temprana de las destructivas prácticas del esquema monetario judío. Entramos en los tiempos modernos con las mismas malvadas payasadas practicadas contra países muy felices y autónomos.


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